Toda historia tiene un principio. De eso no hay dudas. Pero muchas veces esas historias no tienen el comienzo marcado para continuar con el desarrollo; en otras se sigue un camino para llegar a ese punto de inflexión para determinar el futuro y están las minorías que se despiertan por un hecho intranscendente, pero que generan una pasión dormida de hace tiempo y la transforman en un estilo de vida, que a su vez, hacen cumplir sueños.

Horacio Bruzzoni, o para todos los vecinos herenses: “Cuquín”, forma parte del último pelotón. Porque allá por mediados del 2009 tenía el compromiso de disputar un partido de pelota a paleta en el Recreo Parque Club Social; sin embargo por un olvido del organizador quedó afuera del cuarteto. Entonces ahí fue el instante del pensamiento interior de cómo aprovechar esa hora de actividad. Como resultado surgió trotar hasta lo de López. Desde allí correr forma parte de su vida y lo llevará a conocer las Islas Malvinas en el maratón del 20 de marzo.

Por esa razón nos abre las puertas de su casa para charlar de este novedoso desafío y luciendo el tatuaje de Ia camiseta de Ignacio Scocco cuenta: “Sinceramente es un gran orgullo poder presenciar la carrera donde sólo van 20 argentinos y un total de 150 corredores. Gracias a Marcelo De Bernardis (encargado de la inscripción en Argentina) esto es posible. Así que es un sueño para mí”.

Mientras el mate pasa y hace más ameno el diálogo, nos perdemos entre tantos trofeos que luce en su vitrina. También con las casacas firmadas de su glorioso Newell’s Old Boys en las paredes. Pero a él nada lo desplaza del contexto y continúa haciendo referencia a los entrenamientos y qué espera realizar en los 42K. “Me entreno cinco días y completo una rutina de 80 kilómetros semanales. A veces intercalo algo de fondo (18k) y hago dobles turnos. También voy variando la hora porque en las Islas predominan temperaturas bajas, entonces salgo tipo 5 de la mañana o a la medianoche para conseguir un clima ‘similar’”.

Además de ser considerada el maratón más austral del mundo, la competición recibirá a atletas de distintos puntos de América, Europa y Asia; hasta inclusive han participado ex combatientes argentinos. Por otra parte, está bautizada con un nombre inglés: Stanley Marathon, y patrocinada por una entidad bancaria de ese país.

El mate se voltea y percato que está recubierto con unas inscripciones del equipo rosarino. Al mismo tiempo, Horacio se levanta a buscar unas servilletas y explica que “para hacer este viaje primero voy hasta Chile, luego una pequeña escala en Punta Arenas y recién voy a aterrizar en la Gran Malvina un día antes de la carrera porque sólo hay un vuelo por semana (los sábados). Es por eso que también me quedo 7 días, así que después del maratón ya tengo algunas excursiones para presenciar sitios con mucha carga emotiva”.

La incertidumbre estará en las ráfagas de viento, si serán a favor o en contra, la temperatura y hasta la lluvia pueden ser obstáculos de la competencia, pero quedarán de lado cuando Horacio Bruzzoni comience a recorrer el circuito de calle y pueda observar el contexto histórico que lo acompañará hasta la meta. Lugar al que va a llegar por ser el objetivo principal y no importará si tiene que caminar en algún tramo.

En sus siete años en el running conoció gente que ya disfrutó de este maratón en el archipiélago pero poco fue lo que le contaron y lo que le cuentan porque no hay nada mejor que una vivencia propia en el lugar de los hechos y esperar que todo suceda para sorprenderse.

“En varios almuerzos y encuentros cuando se saca el tema de esta aventura deportiva son pocas las recomendaciones que te brindan. Entonces la adrenalina aumenta y la capacidad de asombro va por el mismo camino ante cada suceso que se te va a ir presentando en la trayectoria de la carrera”, comenta Bruzzoni, que, por un trámite de De Bernardis, podrá utilizar la camiseta de la lepra con el escudo de la escuela fundada por Isaac Newell’s con raíces inglesas.

Yendo más allá del evento deportivo, Horacio sabe la dimensión que genera visitar las Islas (salvando las distancias) porque en 1982 estaba en el mismo lugar de hoy pero con 14 años y miraba todo por televisión. Además, estando en el secundario hasta le escribió cartas y envió chocolates a los combatientes en forma de apoyo y aliento.

Y es ese momento donde el silencio se adueñó de la charla. Porque estando frente a frente con Horacio se le notan los ojos llenos de lágrimas. Los recuerdos se le vienen a la mente en cientos de imágenes con contenido de orgullo, también de injusticias. Por eso, después de unos segundos, puede agregar: “Siento una emoción muy grande al hacer este viaje. Con todo el respeto que se merecen las Malvinas y los combatientes, esto lo tomo como una forma de honrar lo que hicieron”.

El termo ya estaba más liviano que cuando había comenzado el mano a mano. El cuaderno de anotaciones iba por la quinta página donde captaba cada detalle de la conversación y cada tanto, de reojo, ansiaba contar la cantidad de medallas colgadas bajo la inscripción “Yo corro – lo hice”,  por todas las carreras que Cuquín había completado. Sin embargo, él se adelanta y resume el resultado, “corro de 18 a 20 al año; hay algunas que regalo pero la más importante es ésta”. Claro, señala la de su apasionado Newell’s.

El repertorio de inquietudes y preguntas se agotó con el agua del termo. No quedaba más que el despido y agradecerle por habernos abierto las puertas de su casa. Aunque Horacio se percata de algo que le quedó suelto en su mente, que piensa en negro y rojo, y agrega: “Soy el primer leproso que va a realizar ésta carrera”.

Así es Cuquín Bruzzoni, quien lleva las pasiones a flor de piel y las unió para ir cumpliendo sueños; y el más cercano lo tiene de Las Heras a Malvinas.

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