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“Este trabajo es un gran desafío en el que aprendo todos los días”

Hace una semana hablábamos de un caso similar en el Norte Argentino y subrayábamos la importancia que la ayuda social tiene para el crecimiento de las personas, pero remarcábamos que ellas debían aportar lo suyo. Entre nosotros surge un caso similar que merece ser rescatado. Se trata de la Secretaria del Honorable Concejo Deliberante, Andrea Ponce, quien relata con vehemencia las responsabilidades de su nuevo puesto y se atreve a rememorar el gran camino recorrido en tan pocos años de vida.

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A los 7 años sus ojos verdes grisáceos, enmarcados de un rostro pálido y pecoso, observaron aquella vieja y deteriorada estructura con indisimulado asombro. Apretó la mano de su mamá y de uno de sus hermanos, y se quedó con la visión fija en aquel sitio que se convertiría en su hogar por los próximos once años. Se trataba del viejo cine, la antigua Sociedad Española.

Andrea Celeste Ponce hoy tiene 24 años y es la Secretaria del Concejo Deliberante, estudiante del Profesorado de Física en el Instituto Superior, y hasta hace poco, se desempeñó como docente en algunos establecimientos educativos del distrito. Fue moza en más de una decena de bares y restaurantes de la localidad, cuidó niños y ancianos, limpió viviendas por hora y hasta elaboró huevos de pascua para salir del paso.

Hoy, confiesa, su nueva labor es un inmenso desafío, pero por sobre todo, es una recompensa a tantos años de esfuerzo y dedicación; es el premio por no haber bajado los brazos nunca, aún cuando muchos lo hubieran hecho o hubieran tomado un camino completamente distinto; es el reconocimiento por asistir a clases sin dormir, por haber sumado hasta tres trabajos por día y por haberse atrevido a soñar con que siempre se puede salir a delante.

Si alguien osaba decirle un tiempo atrás que por estos días estaría involucrada en la política, se le hubiese burlado en la cara. “Los políticos son todos iguales”, repetía de adolescente frunciendo el rostro con aire despectivo, y ¿quien a caso se atrevería a refutar tal postulado en una situación similar?

En 2013, y casi sin proponérselo, participó como fiscal de las PASO y a partir de ahí empezó a sumarse como militante de la Juventud Renovadora: “En un principio para mí era más de los mismo, decían que iban a hacer cosas, pero yo no les creía. Pero cuando empecé a participar, vi que las propuestas como pintar una escuela, regalarles una casita del árbol a los chicos u organizar actividades recreativas para los nenes, efectivamente se hacían. Y  ahí me dije que quería formar parte de esto”.

El interés fue repentino, y así fue su súbito ingreso a las filas renovadoras, y tras los comicios, y el posterior triunfo electoral, se le ofreció el cargo que hoy ocupa con gran profesionalismo y esmero. “Es un aprendizaje diario, pero para mí estar en ese lugar significa muchísimo porque noto como crecí como profesional”, confiesa.

Pero llegar a ese puesto no fue tarea fácil y en el camino no hubo piedras, sino montañas que se presentaron como gigantescos obstáculos; el estigma de ser “la chica del cine”  a la que no invitaban a los cumpleaños en la primaria, o a los que no podía asistir porque no tenía la vestimenta adecuada para la ocasión. Y Andrea trascurrió su día a día durante más de once años con la cabeza en alto y aferrada a la esperanza de un futuro mejor.

Quien escribe estas líneas pudo ver a Andrea cabecear en la clase de Lengua y Literatura, renegar con Matemáticas, ingresar al colegio con mal humor y cara de dormida, reírse a carcajadas y pedir con algo de vergüenza un pedazo de las gigantescas medialunas que rondaban por el salón.

También la observó pasar horas y horas en la biblioteca escolar para copiar textual lo que decían los libros que no podía adquirir o siquiera fotocopiar. Hojas y hojas transcriptas a mano primaban en una carpeta desordenada, no obstante, los calambres en su muñeca se dejaban de sentir cuando sus hermanos le obsequiaban  cálidas sonrisas al verla sostener las bolsas repleta de leche y pañales.

Hoy Andrea está en el sitio que merece y donde luchó incansablemente por estar. Desde este lugar, además de por supuesto felicitarla por el crecimiento profesional y personal, es válido resaltar que el fututo recién comienza, que este es el inicio de algo enorme que está por venir, esto es lo que consiguió cosechar al romperse el alma día y día, y no perder su característica sonrisa en el intento.

Le espera un año sumamente ajetreado en el ámbito laboral para el que se prepara con evidente entusiasmo desde que asumió el 10 de diciembre último; un año colmado de aprendizajes y responsabilidades, pero principalmente, un año repleto de satisfacciones, de nuevas amistades y ¿por qué no?  De más sueños cumplidos.

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