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Un problema, una oportunidad

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Editorial

Es común escuchar que muchas veces de un problema surge una oportunidad.

En ese sentido, quienes saben encontrar la solución a la encrucijada puede aprovechar el envión y realizar modificaciones que, de otra manera, nuca hubiesen ocurrido.

Lo vivimos hace pocos días con el sobreprecio que el Ministerio de Desarrollo de la Nación pagó por mercadería que no le compraba a los productores, sino a los proveedores del estado.

Todo esto motivó un dolor de cabeza para el ministro Arroyo y para el presidente Fernández, una distracción en el medio de la lucha que debe ser solidaria para enfrentar la pandemia y en una medida inmediata que le costó la cabeza a varios funcionarios, aunque finalmente, esto último se cuestionara.

Los reflejos del presidente para tomar las riendas del asunto resultaron insuficientes para algunos, oportunos para otros y para el resto, por lo menos, un asterisco en el consenso que el primer mandatario venía obteniendo en las últimas semanas, merced a su accionar firme y decidido.

Pagaron el pato un funcionario y varios subalternos, pero el affaire también sirvió para poner sobre el tapete una metodología que debe ser tan vieja como el estado en la Argentina y es la carterización de los proveedores del gobierno.-

Resulta que en una licitación para comprar mercadería no pueden participar los que la producen, sino quienes están inscriptos como proveedores del estado, lo que en muchos casos son las mismas empresas que tienen dos o tres nombres y conformaciones societarias diferentes de tal manera de poder manipular las ofertas, obteniendo mayores ganancias merced al erario público.

Se sabe que esto no ocurre sólo con los proveedores, sino también con los adjudicatarios de la obra pública, pero es muy poco lo que se hace para desarmar esta maraña porque no sólo hay ganancias para el empresario y algún funcionario encumbrado, sino también para células que funcionan dentro del mismo estado y que favorecen este funcionamiento.

El dueño de Maxiconsumo manifestó que tenía los mismos productos a menor precio, pero que no pudo participar de la compulsa y cuando pudo hacerlo durante la presidencia de Macri, terminó cobrando a los premios, porque le frenaron una y otra vez los pagos y no precisamente, por acciones del gobierno, sino de funcionarios de tercera o cuarta línea que se quedaban sin su parte del león.

Si hasta hay quienes afirman sin ponerse colorados que es normal que se le cobre más al estado que a un particular.

Este entramado nos es culpa de Alberto Fernández, posiblemente tengan más que ver los que pasaron antes y no sólo no lo desarticularon, sino que tampoco lo denunciaron, por lo que uno cree que se sirvieron del mismo para beneficio personal.

La pandemia nos ha puesto a todos más sensibles y este problema puede serle de gran utilidad al presidente para desarmar esta red perversa que no hace otra que ponerle palos en la rueda a cualquiera que quiera hacer las cosas bien.

Difícilmente vuelva a tener otra oportunidad de contar con el apoyo de una inmensa mayoría para terminar con este acto de corrupción que viene desde hace muchísimo tiempo.

Si esta pandemia nos permitiese dar esa batalla y salir airosos de ella, posiblemente terminemos recordándola por esto y no por la cantidad de enfermos y muertos que está produciendo y las muchas semanas en las que tengamos que seguir encerrados.

Alberto Arozarena


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