Inicio Actualidad Repensando las Masculinidades

Repensando las Masculinidades

898
0

Consejería de Género Las Kiwichas

 

Para este artículo recabamos relatos de varones para empezar a preguntarnos o repensar las masculinidades y las distintas formas de habitarla.

Muchas veces escuchamos que el patriarcado nos atraviesa a todxs, sin embargo, son pocas las veces que se escuchan las voces de los hombres en relación a cómo afectó o marcó el desarrollo de sus vidas, cómo se sintieron cuando su masculinidad era cuestionada, como vivieron el no encajar o no actuar “como se debe” conforme a una masculinidad hegemónica, eso que un Hombre “tiene que hacer” eso que un “Hombre debe ser”, ese mandato que dice que aunque duela y mucho los hombres no lloran.

Resulta imprescindible empezar a comprender cómo se llegó a ese punto y qué herramientas se necesitan para empezar a construir otras maneras de habitar la masculinidad que no estén ligadas a formas de violencia y humillación, y que estén basadas en actitudes equitativas sobre las relaciones entre hombres y mujeres.

Reveer el cuestionamiento a los mandatos de la masculinidad hegemónica y sus costos para los varones y las personas con las que se relacionan; la naturalización de los privilegios masculinos, las relaciones de complicidad machista entre varones; y la necesidad de promover masculinidades libres y diversas, que tomen distancia consciente y activa del machismo como cultura de violencia y opresión. Construir una sociedad más justa e igualitaria es una tarea de todxs.

“Recuerdo que en una fiesta gay (la única vez que me pasó, pero pasó) me ví rodeado y apretado por varones en un espacio reducido, me sentí sin recursos para anteponerme a dicha situación, me encontré en clara desventaja y eso me hizo sentir incómodo e inseguro. En ese momento pude de alguna manera, quizás en un punto mínimo, dimensionar cómo se sentiría estar continuamente al riesgo de que te sucedan ese tipo de situaciones, como muchas otras, cuando en la otredad es capaz de generarte un estado de desigualdad y desventaja en cualquier tipo de ámbito.” Rama, 34 años

“Terminando la primaria mis padres tuvieron una idea, una gran idea. La única macana que no era una idea mía. Yo, el varón de la casa tenía que ir al colegio Industrial.

Hice todo el curso de ingreso, pasaba más tiempo en la plaza que en el curso, ir los sábados a la mañana otra vez a una escuela era demasiado, demasiado para cualquier niño. En resumidas cuentas, rendí mal el examen, y mis padres tuvieron otra gran idea,

lamentablemente no era mía nuevamente. El “nene” iría al Comercial, y ahí fui a parar. Estuve dos años en una escuela lejos de mi barrio.

Para ese entonces me reencontré con mi amigo el Tuna, él venía de una experiencia similar en un Industrial y lo único que quería era volver a la escuela normal.

El Tuna y yo un día volvimos al normal, que parecía no tener un valor muy grande para los varones de la casa.

A la distancia me pregunto ¿por qué se piensa que la educación de un niño tiene que estar determinada por su género? ¿por qué los padres del Tuna y los míos dejaron a sus hijas en la escuela Normal y nosotros tuvimos que sufrir otro recorrido por ser “los varones de la casa”?

¿habrán sido nuestros padres sin quererlo manipulados por años de mandato de género? En la actualidad soy maestro, y algo que celebro todos los días, es el poder construir una sociedad sin tantos mandatos y con mayores libertades”. Mario A., 42 años

“Nunca tuve ningún complejo con no cumplir con las cosas que «debería hacer un hombre», cuando era chico amaba jugar con las muñecas de mi prima Sofía, incluso me encantaba crear «películas» con mis peluches, eso estimulaba mi imaginación y despertó mí gusto por la actuación.

Muchos hombres no son capaces de problematizar y sienten el movimiento como una amenaza para sus privilegios, le temen a la idea de ya no poder delegarle la responsabilidad de criar, mantener el hogar y planificar a sus parejas y tener que compartir la carga con ellas.

Estas personas ven estas circunstancias como una posición a defender y ejercen presión sobre aquellos hombres que no ven comprometidos en la defensa de su derecho a dejar que la mujer haga, todo mientras me tomo una cerveza en el sillón.

Muchas veces tuve que soportar este tipo de presiones, más de una vez tuve que poner una excusa para justificar porque no me junte, no salí o no fui a jugar un partido para evitar contar que preferí quedarme disfrutando de la compañía de mi pareja, para no sufrir las burlas por «pollerudo».

Creo que la igualdad nos quita el peso del «deber ser», desestigmatiza el mundo y lo transforma en algo más justo, sano y libre, el objetivo es difícil pero en el camino se disfruta saber que vivimos en un mundo más justo que ayer.” Federico, 28 años

«Una vez, una chica con la que me ví un tiempo, me dijo que mi manera de tener sexo no era masculina. Supongo que esperaba el actor de la película porno, yo no entendí muy bien pero tampoco me hizo sentir cómodo.» Emanuel, 27 años

“Cuando era chico unos 11 años mis amigos le silbaban a las chicas y a mí no me salía pero en realidad me daba vergüenza hacerlo. Porque no entendía porque le silbaban y me parecía una boludez.

Cuando tenía 17 y me teñí el pelo me molestó que unos hombres me chiflaran y me dijeran cosas, ahí sentí lo feo que era”. Gavy, 18 años

“Hace unos cuantos años, cuando mi hijo cursaba la escuela primaria, yo participaba activamente en la cooperadora de la escuela.

En las reuniones, casi siempre éramos los mismos padres. De a poco, los varones que arrancaron a principio de año, fueron dejando de ir, y de repente yo era el único hombre en las reuniones.

En cierta ocasión, tratando un tema en particular, me pidieron mi opinión como tesorero de la cooperadora, y la presidenta de la misma, me cedió la palabra y agregó algo así «habla el tesorero, bendito tu eres entre todas estas mujeres» … Miré a mi alrededor, y efectivamente era el único hombre, evidentemente me puse colorado y tardé un instante en reaccionar, lo que provocó en el resto de la concurrencia femenina una carcajada que me volvió al tema.

En ese momento me sentí incómodo, raro siendo el único hombre entre todas las mujeres que continuaban en la cooperadora, como si estuviera asumiendo una tarea que, para el resto de los hombres, es exclusiva de las mujeres y no fuera de incumbencia del género masculino”. Gustavo Martín, 52 años

«Tengo 38 años y un grupo grande de amigos que conservo desde la adolescencia. Muchos de ellos eligieron casarse, y yo no fui a la despedida de solteros de ninguno, porque no me siento cómodo y estoy en desacuerdo con muchos de los rituales y situaciones que se viven en las despedidas.” Juan.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here