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Gustavo Roberti: el sueño del pibe para los futboleros

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Para el resto de los mortales, entender la pasión de muchos de nosotros por el fútbol ha de ser muy difícil, casi imposible.

Pero aún así, poco nos importa y seguimos adelante con nuestras fantasías que, la mayoría de las veces no pasan de un gol sobre la hora en el picado sobre los jueves, un taco o una rabona, porque ni siquiera nos animamos a soñar con vestir la camiseta del club de nuestros amores (aunque más no sea San Miguel o el Club Las Heras) y mucho menos a codearnos con los jugadores que vemos en la tele y admiramos cotidianamente.

Pero hay un herense que se animó a soñarlo y, si bien no pudo hacerlo del lado de adentro de la “línea de cal” lo logró en el trabajo cotidiano y la consideración que de su trabajo hacen figuras consagradas del fútbol mundial.

El es Gustavo Roberti, un preparador físico (profe para los futboleros) que llevó su pasión hasta los límites impensados de la pasión de una Bombonera repleta disfrutando una vuelta olímpica o el lujo de Dubai o Qatar.

El es nuestro cuadro de honor de octubre, pero tiene tantas cosas para contarnos, que la nota debimos desdoblarla en tres partes.

Aquí la primera para alguien que reconoce que los años de su infancia a adolescencia en Las Heras fueron geniales. ”Es cierto que todo lo que uno añora en la medida que pasa el tiempo parece mejor que lo actual; pero aun comparando con éstas diferencias que presenta lo actual, siempre siento que fui un privilegiado en pasar esa gran parte de mi vida en Las Heras”, comienza diciendo y reafirma sus palabras al recordar que sin la tecnología, ni los recursos, ni la oferta de estímulos que existen hoy; no les alcanzaba el tiempo para hacer todo lo que realmente querían hacer. “Un paraíso de amigos que aun hoy conservo, con vínculos que ni el tiempo ni las distancias físicas lograron romper”, dice y recuerda que practicaban todos los deportes que los espacios físicos les permitían: tenis (más adelante paddle), básquet, vóley, y por supuesto fútbol.

“En infantiles, el fútbol nos ofrecía la posibilidad de agregar a nuestras horas de potrero o plazas, algo más formal y organizado a través de San Miguel. Todos los chicos queríamos estar ahí. Nadie quería quedar afuera de la posibilidad de pertenecer al club. Sentíamos que era nuestro espacio, nuestro lugar. Llegada la adolescencia se habían organizado muy bien deportes como el básquet o el vóley; no solamente participando de diferentes torneos locales; sino que también pudimos tener equipos lo suficientemente competitivos como para representar al pueblo en los torneos provinciales de aquella época. Recuerdo incluso que dos o tres de nosotros jugábamos a los 3 deportes dentro de la misma competencia… Nuestra infancia y adolescencia era eso; intentar jugar a todo lo que se podía. El recuerdo que tengo es el de una felicidad absoluta, jugando a todo lo que se podía, y encima con amigos. Cerraba por todos lados” asegura hoy mirando a la distancia esos años de finales de la década del 90.

L.V.:  Aquí jugaste en San Miguel, Las Heras y hasta en el San Martín en la Liga local, pasaste por todas las escuelas…

G.R.: San Miguel era un espacio traccionado por personas que vivían para el club a cambio de nada; sólo con la ilusión de aportar ideas para verlo crecer. Dirigentes y entrenadores (convertidos en formadores), madres y padres, más otros ayudaban desde algún lugar.

En la actualidad, las empresas forman grupos de trabajo “coucheados” para explotar de cada empleado su lado más hábil, con el fin de potenciar grupos de trabajos en una permanente búsqueda de objetivos. En aquellos tiempos, San Miguel tenía todo ese potencial en la gente que le dedicaba tiempo al club, utilizando solamente el sentido común con la única premisa de ver al club crecer. Cada uno sabía que podía aportar y lo hacía. Al ser chico, por supuesto que si había algún problema entre quienes manejaban el club, no nos íbamos a enterar o a dar cuenta; pero que no lo hayamos notado también en todo caso habla bien de la manera en que “los grandes” resolvían esos inconvenientes o problemas. Nosotros íbamos y jugábamos. Nos daban todo lo que necesitábamos para disfrutar a esa edad.

Lo último que hice en San Miguel, fue jugar un torneo en la Liga de Lobos. Recuerdo que era como una mezcla de 3 edades (72, 73 y 74). A ese grupo lo armó (y se encargaba absolutamente de todo) el Gordo Salvucci; y al Gordo nadie le decía que no… No había un chico (supongo que grande tampoco) que no lo quiera… Un genio.

De su época en Boca. Dialogando con el grupo entre Tévez y Daniel Osvaldo

L.V.: Y después?

G.R.: A los 15 años ya jugaba en la Liga de Las Heras con “los grandes”. Me ficharon en Bomberos y jugar con y contra los grandes me encantaba. El 1er central era el Vasco Taberna; miraba para adelante y sentía que nada me podía pasar… Jugaba para el Increíble Hulk!!!

Un día apareció Claudio Galli y me dice de ficharme para San Martin; me volví loco… No había un plan mejor que jugar para San Martin… También me invita a formar de un grupo de 12 amigos, que participaban durante todos los veranos en los torneos de Baby de la zona. El grupo estaba armado de tal forma, que si jugábamos en dos lugares el mismo día, nos dividíamos y quedaban dos equipos casi parejos. Claudio siempre tuvo ese lado referencial dentro del fútbol local y lograba juntar a quien se proponga (además de ser un genio jugando). Además de Claudio estaban el Bocha Landaburu, Marito Oppizzi, el Gnomo, Miguel y Cristian Alonso, Juan Marión, Walter Robledo, etc… Estaban los mejores. Ahí empecé a compartir ambos lugares (San Martin y los torneos de verano), con Mariano Ferrari; un monstruo. Los días que me tocaba ser suplente suyo (porque él quería atajar), me sentaba a mirarlo contento porque era una especie de clase presencial gratis. Daba esa sensación (a propios y contrarios) de que era imposible hacerle un gol. Al ser amigos, no competíamos por ningún puesto, sino que lo compartíamos sabiendo qué lugar ocupaba cada uno.

Cuando se lo escucha hablar, uno se contagia de su pasión y aquellos momentos que parecieran ser lejanos para alguien con su trayectoria, pero que están a flor de piel y que reviven cuando recuerda su paso por el deportivo Morón y, finalmente por el club Las Heras.

Cuando empecé 1er año del secundario – rememora – me fui a probar a Deportivo Morón y quedé (tenía edad de 9ª) A veces me cansaba de viajar y dejaba de ir, pero después volvía. Fueron 7 años en total y cuando estaba en tercera me di cuenta que no me daba la nafta y me fui antes que me echen”, asegura con picardía, Aunque reconoce a quienes marcaron su vida por aquellos años y recuerda a Chiche Migliardi (“seguimos siendo amigos”) y Rubén Cousillas, dos arqueros que estaban por encima suyo y  que intentaron convencerlo (junto a Héctor Lettieri, su entrenador por aquel entonces) para que siguiera, pero la decisión ya estaba tomada. “Con todos ellos, y con  Mario Grana, Martín Méndez y otros tenemos un grupo de whatsapp y seguimos en contacto”, dice.

L.V.: Después te convertiste en el primer arquero de la primera del Club Las Heras?

G.R.:  Uno de esos entrenadores que mencionaba antes en las inferiores de San Miguel fue Marcelo Rubio. Él dirigía la 72 y formó no solamente un grupo bárbaro, sino que además era un equipazo. Yo soy 73 y jugaba con ellos antes que mi categoría empiece a jugar oficialmente en AFI.

Siempre me sentí parte de ese grupo y cuando Nacho Eyheramonho no podía jugar, me llevaban a mí. Crecimos con la referencia de Marcelo y cuando apareció el Club Las Heras, llamó a muchos de nosotros para participar. Hacía mucho que no jugaba en Las Heras y me pareció una idea buenísima volver a jugar con amigos, siendo parte además de un emprendimiento tan difícil como el de crear un club; lo pensaron, lo armaron, lo llevaron a cabo y lo sostuvieron. Nunca me pasó de ver al Club Las Heras como el adversario de San Miguel; es imposible pensarlo así, porque en ese momento al menos, todos quienes jugábamos ahí (incluso el mismo Marcelo Rubio), teníamos raíces en San Miguel. Era una opción más en nuestro pueblo para poder jugar en una Liga competitiva. Mostrar un crecimiento deportivo en la zona. Yo jugué un año y me encantó haberlo hecho.

Aquel estudiante de Superior, jamás hubiese imaginado alzar la Champions de Asia. Puede que Gustavo, sí.

De aquellos años, Gustavo rescata al propio Marcelo Rubio, como a Juan Carlos Serrano, sus entrenadores de entones, pero también a Roberto Irigoin (“qué pena que no haya podido ver lo que es hoy el club por el que tanto trabajó”) y Cacho Ferrari (“artífice del logro más importante del club”), aunque por su pasión por los deportes en general, no puede dejar de nombrar a Cacho Matute y Miguel Loza (“crecimos con ellos”) o a una apasionado del básquet como Alejandro Palomero (“pensaba en básquet las 24 hs del día”) y a un entrenador increíble, de esos que dejan huellas imborrables como Hety Giavino que agarró un grupo de chicos a los que les gustaba jugar al vóley y armó un equipo que fue subcampeón provincial. “Pero lo más importante fue que disfrutamos el camino. Un genio”, asegura.

L.V.: No podías no ser profe con esos referentes…

G.R.: Empecé estudiando aquí en el Instituto Superior. Hice primer año y justo cuando estaba dejando de jugar en Morón, me fui a vivir a Capital. No conocía a nadie y el cambio de vida era tremendo. Al principio me ayudó a acomodarme mi hermano, que ya estaba instaladísimo en Capital y después conseguí trabajo. Al año siguiente me enteré que empezaban las Licenciaturas en Actividad Física y Deporte y entré en la Universidad de Flores, que fue una de las primeras en ofrecer la carrera en Argentina.

Ahí di continuidad a la idea que tuve cuando empecé en el Instituto de Las Heras, siempre me gustó el deporte de alto rendimiento; pero necesitaba trabajar de lo que sea, así que si no había podido jugar, estaba bueno vivir del fútbol desde el lugar que sea.

N. de la R.: Mañana, Giusti nos cuenta su experiencia en el mundo del fútbol profesional. Sus comienzos, su relación con futbolistas consagrados, la vuelta olímpica en la Bombonera y la sofisticación y el lujo en el Oriente medio.


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