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Gustavo Roberti: El sueño del pibe

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Después de haber hecho inferiores en el fútbol local, jugado varios años en el Deportivo Morón y con un título universitario de licenciado en educación física bajo el brazo, Gustavo Roberti inició una carrera profesional que aún hoy sigue vigente y que recuerda en detalle, cuando nos cuenta: “Trabajaba en un colegio especial, daba clases de natación en un club, también trabajaba en una escuelita de fútbol, y obviamente tenía mis alumnos personales. Ahí me di cuenta que el abanico se abría; que había muchas posibilidades laborales, pero que dependía muchísimo de mí. Sentía que podía hacer de todo mientras esperaba alguna oportunidad. Durante un verano fui a hacer una suplencia de natación a un complejo que era del Pato Fillol. Me quedé 12 años trabajando ahí y llegué a ser director general del predio. Me gustaba la parte organizativa, por eso trabajé en la Secretaría de Deportes de la Nación, también fui 20 años coordinador de deportes en el Olivos Golf Club y Director Gral. en el Campus de la Universidad Austral”.

Pero aquel contacto con el legendario Ubaldo Matildo Fillol sería la oportunidad que tanto esperaba. El Pato trabajaba en las selecciones juveniles de AFA y uno de esos jugadores (Guillermo Pereyra – River) lo conoce y le pide que lo ayude a recuperarse de una lesión. “Era el trabajo de mi vida – cuenta. Me recomendó a varios chicos de River y empezaron a venir. Después me empezaron a contratar representantes de futbolistas para entrenar a sus jugadores. Néstor Sívori, Bouza y Lavalle, Miguel Pires, Alejandro Naccarato, Guillermo Marin, EFEGE Sports, Marcos Franchi, Daniel Bolotnicoff, etc…”

Era una buena oportunidad laboral, pero hoy recuerda que, igual, sentía que le faltaba la adrenalina de ganar o perder y es por eso que, cuando en el 2004, el Pato agarra la primera de Racing y lo convoca para ser parte de su cuerpo técnico no lo dudó un minuto. “Si era necesario iba gratis!! Fue una pasantía en la mejor universidad del mundo… El ayudante de campo era el Pipa Higuaín y el otro PF fue Fernando Signorini (hoy somos todos amigos). Necesitaba estar atento y aprender. Otras formas a las de ahora, por supuesto; hay que ir acomodándose, pero aprendí muchísimo de los tres (aún hoy sigo aprendiendo de ellos). Ahí empezó todo”, recuerda con entusiasmo en lo que se puede definir como el comienzo de su carrera profesional.

L.V.: ¿A partir de allí no paraste más?

G.R.: No. Después de la experiencia de Racing; el Pato vuelve a la selección y se desarma el CT. Yo recuerdo que vuelvo a entrenar a jugadores por mi cuenta, y en el año 2006 estando en Bahía Blanca, entrenando jugadores de Olimpo; me llama el Pato Míguez y el Tano Naccaratto (representante del Papu Gómez entre otros) para decirme que había un equipo de Argentino A (La Plata FC) que me quería de PF. Fui y fue una experiencia increíble; de las mejores que tuve… Perdimos el ascenso a Nacional B y nos fuimos (me había tocado trabajar con Darío Tempesta como DT). Vuelvo a mis entrenamientos personales con futbolistas… Iba a verlos a las concentraciones a casi todos, y en la concentración de Tigre, yendo a visitar a Martín Morel, conozco al Vasco Arruabarrena que estaba jugando ahí.

Para aprender, hay que escuchar a los que saben y qué mejor que Manu Ginóbili

L.V.: Ahí comenzaste definitivamente, entonces…

G.R.: Claro. Cuando le ofrecen agarrar como DT en Tigre me invita a trabajar en su CT; le dije que sí y no paramos desde ahí… Nos fue bien; agarramos el equipo prácticamente descendido y nos salvamos hasta de la promoción, saliendo subcampeones y clasificando a la Copa Sudamericana. De ahí a Nacional de Montevideo (también subcampeones). Después vino Boca. Dos años más tarde nos fuimos a Emiratos Árabes Unidos (Al Wasl de Dubai) dos años, estuvimos en Al Rayyan en Qatar (Doha) y volvimos estos últimos dos años a EAU, a otro equipo de Dubai que se llama ShababAlahli.

L.V.: ¿Cómo es trabajar en el fútbol profesional?

G.R.: Trabajar en Argentina es como sacarme el gusto de lo que en algún momento parecía inalcanzable. Hay muchos preparadores físicos y pocos lugares. Podes trabajar en inferiores, en futbol infantil, en clubes de ascenso, etc… Yo quería trabajar en un club de primera, quería ir a trabajar a todos esos estadios que miraba por la tele cuando era chico. Quería ser protagonista de lo que pasa, para bien o para mal; pero quería ser parte de esa pasión que creció conmigo. Estuve en clubes grandes como Racing y Boca, en clubes de primera de los que pelean abajo; y en el ascenso… En el fútbol argentino aprendes a sobrevivir. Es un lugar donde la exposición es enorme, y estás siempre a la vista de todo el mundo… No sé si hay otro trabajo en el que se vea y se juzgue todo lo que haces. Opinan todos. Es difícil, pero también es lindísimo. La adrenalina que genera el futbol de alto rendimiento no la encontrás en otros lugares.

L.V.: ¿Y en Boca?

G.R.: Dos años ahí adentro son 10 en cualquier otro lado. Es todo al palo. “El mundo Boca” potencia todo; lo bueno es genial, y lo malo es catastrófico. Pasar por Boca genera una bisagra en la vida personal y profesional de todos los que tuvimos la suerte de hacerlo. 

L.V.: Nada que ver con los Emiratos Árabes…

G.R.: En relación a trabajar en el futbol del exterior; mi primera experiencia fue en Nacional; en Uruguay. Yo quedé encantado con el país y con el fútbol uruguayo. Me gustó muchísimo. Nacional es un club enorme y se vive todo con muchísima pasión. En definitiva, fue una experiencia muy parecida al futbol argentino. El cambio rotundo fue ir a Asia. Yo ya había estado recorriendo, conociendo y viendo amigos en varios viajes a Europa. Conocí muchos clubes europeos y me interiorizo en todo lo que puedo. Soy inquieto, me gusta aprender y trato de vincularme con cada una de las personas que me puedan aportar algo. A diferencia de Europa, en Asia es todo distinto a lo nuestro. La sociedad, las costumbres, la forma de vivir, la manera en la que ven las cosas… Todo absolutamente diferente… A mí me tocó estar en Dubai y en Doha trabajando y son lugares tremendos. Con muchísimo lujo, toda la tecnología de punta y donde todo funciona bien. Por supuesto que para trabajar de lo nuestro hay que acomodarse a todo lo más rápido posible e intentar ser uno más dentro de sus esquemas y de su forma de vida. Eso es clave siempre, donde sea; pero en éste tipo de lugares más aún. La experiencia de participar en Champions de Asia también es increíble; viajar y jugar de visitantes en Irán o Uzbekistán, son experiencias únicas… Ni mejores ni peores a ser visitantes por Copa Libertadores; distintas en todo sentido. Los viajes, los hoteles, la gente, los estadios, las ciudades, etc… Aprendí muchísimo de eso también.

Con la Gata Fernández e Israel Damonte, actual entrenador de Huracán

La charla se va por inesperados caminos. Avanza y retrocede. Nos muestra una foto con Diego Maradona, nos habla de la Gata Fernández y nos cuenta que, por su amistad con Fernando Signorini a quién alguna vez trajo a dar una charla a nuestra ciudad, puede cenar con el mismísimo César Luis Menotti y quedarse horas escuchándolo, porque, así como es de abierto para compartir sus experiencias, Giusti es un “aprendedor” nato y aprovecha cada oportunidad que tiene para extraer todos los conocimientos posibles de esas verdaderas enciclopedias del fútbol.

Aun así, asegura que sigue disfrutando de esos encuentros con aquellos jugadores a quienes acompañó a lo largo de su carrera y también de la cena con sus amigos de la juventud una noche de jueves cuando vuelve a Las Heras, al que define como su lugar en el mundo.

Pero de eso, hablaremos en la próxima entrega, porque el cuadro de honor de octubre, merece una tercera parte.


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