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La Dolce amplía su planta

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3 de septiembre, día de la industria. Pese a las dificultades económicas que atraviesa el país, es llamativo como, al menos en el distrito, varias de ellas apuntan al crecimiento.

Biagro, ahora con capitales brasileros, apunta a la campaña del 2023 como su gran plataforma de lanzamiento mientras, este año, completa la producción pendiente de Bayer y prepara todo para su despegue. Baires se expande cada día más y Cabaña comenzó a reconstruir la planta que se le incendiara en los primeros minutos del fatídico 2020.

Marcelo Lourtau, gerente de La Dolce, asegura que esto es propio de las empresas que tienen una persona física como dueño y no en las multinacionales o quienes tienen accionistas. “Este necesita que su dinero le rinda y lo que quiere ver son los dividendos que le dejan sus acciones. En cambio las empresas que tienen a una persona como dueño, son diferentes, porque el propietario quiere que el negocio sea rentable para seguir invirtiendo. Se sabe que todo aquello que no crece, termina muriendo y con las industrias de Las Heras, en muchos casos, ocurre eso”, explica quien volvió a la planta en el 2018 cuando La Dolce Vita adquirió lo que quedaba aquí de Mondelez, incluyendo a los 120 empleados de aquel entonces que veían que peligraba su fuente de trabajo.

En aquel momento, le dijimos al personal que nuestra intención era crecer y producir y que las proyecciones que hacíamos indicaban que en un par de años podíamos duplicar el personal. Lógicamente todos tenían sus reparos, porque venían de malas experiencias y desencantos, pero nosotros estábamos convencidos que lo podíamos lograr. Lamentablemente cuando estábamos en pleno crecimiento, primero tuvimos el incendio que destruyó la planta de Malvinas, después vino la pandemia y se paró todo, no sólo acá, sino también en el mundo. De todas formas seguimos trabajando y el año pasado pudimos sumar la línea de chocolates. Hoy la planta tiene 250 empleados que era lo que habíamos prometido hace cuatro años”, asegura.

L.V.: El movimiento de suelo que se observa a la derecha de la planta, es una ampliación?

M.L.:  Sí. En este momento ya tenemos avanzado un galpón detrás de la fábrica que tiene 65 x 130 m (casi una hectárea) y, donde era la canchita de fútbol, vamos a hacer otro de 135 x 50.

L.V.: ¿Qué destino tendrán?

M.L.: En el que está al costado de la planta, vamos a comenzar a fabricar nuestras propias cajas. Entra el cartón, se troquela, se imprime y con eso abastecemos la fábrica. Hoy en día hay un par de empresas que manejan el 80% del packaging y ellos ponen las condiciones de mercado. Nosotros necesitamos ser nuestros propios proveedores.

En el que está atrás, todavía no sabemos qué es lo que se va a producir. Estamos viendo varias opciones, podrían ser galletitas o alfajores, pero aún no lo hemos decidido.

“Esta apuesta al crecimiento se da en un momento complicado del país, especialmente porque las empresas tienen problemas para importar, ya que no se consiguen los dólares para hacerlo y esto genera dificultades que pueden acrecentarse en los próximos meses si la tendencia a la recesión se acentúa. Nuestros productos, en volumen tienen un 90% de insumos de fabricación nacional y un 10% de productos importados, como por ejemplo las esencias. Esos porcentajes cambian completamente en cuanto al costo del producto, ya que lo que viene de afuera significa aproximadamente el 50% del valor de la golosina. Pero el problema no sería pagarlo, sino que no se pueden conseguir los dólares para hacerlo ya que el estado ha cerrado tanto los grifos que, inclusive, corremos el riesgo de tener que detener la producción en algún momento. Por ahora nos vamos arreglando con nuestras reservas y con algunas sustituciones, pero no sabemos bien hasta cuándo”, explica Lourtau.

 

Posicionar la marca

Cuando La Dolce se hizo cargo de la planta y entrevistamos a quien, en ese momento, había sido uno de los impulsores de llegada de los López a nuestra ciudad, nos decía que uno de los grandes desafíos era volver a poner la marca D.R.F. en las góndolas.

Después de cuatro años de gestión, quisimos saber cómo iba ese desafío y Lourtau se sinceró diciéndonos que algunos productos fueron reinsertados de nuevo sin problemas, pero hay otros que tienen mayores dificultades, especialmente porque son marcas históricas, pero que se consideran antiguas y es muy complicado entrar en un mercado que ya se ha acostumbrado a otras cosas, a otros productos y nos cita el ejemplo de las emblemáticas pastillas duras DRF. “Hemos llevado adelante algunos cambios, como implementar sabores más actualizados al paladar de nuestros consumidores como, por ejemplo, los frutos rojos. Si bien no es que han fracasado, no han tenido el crecimiento de otros productos más “actualizados” podríamos decir”, explica y agrega que aquellas dificultades económicas de las que hablaba párrafos más arriba, no sólo se reducen a los insumos, sino también a las maquinarias que se necesitan para montar nuevas líneas de producción, ya que esta son importadas y no se encuentran dentro de las prioridades país, aunque podrían darle trabajo a más gente y eso, a la larga, sería beneficioso para todos.

Problemas similares tienen para la reconstrucción de la planta de Malvinas Argentina que se incendió el martes del 2017, afectando el 80% de un edificio que ocupaba unos 8000 metros cuadrados.

Pese a ello, La Dolce (DRF) continúa apostando al crecimiento y eso se ve diariamente en la entrada y salida de maquinarias y personal para una producción que se realiza en tres turnos y de lunes a lunes.


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