Inicio Actualidad Ellas brillan con luz propia

Ellas brillan con luz propia

7537
0

Hay veces que uno concurre a hacer una nota percibiendo que puede llevarse una sorpresa, pero cuando, en lugar de una, son dos, queda desubicado.

Eso me ocurrió ayer por la tarde cuando llegué a la EEE Nº 501 dispuesto a charlar con Luisana Carretero. Sabía que se trataba de un ser excepcional, una nena de 8 años sumamente inquieta, con grandes deseos de aprender y que sorprendía a propios y extraños con cada una de sus salidas y los avances que lograba.

Pero me encontré con que su maestra era Camila Cossio, una joven docente que, como Luisana, nos viene sorprendiendo desde siempre con su espíritu de superación.

Luli nos hacía saber que estaba muy ansiosa porque le iban a hacer una entrevista y Cami la guiaba con la misma desenvoltura con la que mueve por la vida y con la que pudo terminar sus estudios terciarios para ayudar a otros chicos de su misma condición.

Ambas nacieron con el mismo problema visual, aunque con dificultades diferentes. La maestra logra distinguir formas y su disminución visual es severa, aunque no total. Luisana, casi al pasar, nos dice que puede ver luces y nos pregunta si nos gustan los aros que lleva puestos. Son rosa”, nos dice y en repetidas oportunidades hace referencias a colores (“te acordás Seño la campera azul que traía en invierno”).

Sobre la mesa se encuentra la máquina Perkins recientemente adquirida y que les permite escribir en idioma Braile.

Camila, la maestra, nos explica que hasta que recibieron la máquina, la estuvieron preparando a Luli para que tenga los conocimientos previos que le permitiesen ir adaptándose al mundo nuevo que se le abría a través de su propia capacidad para leer y no depender de los audios y las nuevas aplicaciones tecnológicas.

Todos creen que el Braile es obsoleto, pero no es así, es la manera que tenemos para conectarnos directamente con la lectura sin depender de otros. Son los textos y nosotros en una relación muy particular que reafirma nuestra propia independencia”, explica la maestra, mientras Luisana está inquieta por mostrarnos cómo es capaz de escribir con esta máquina que transforma seis teclas en letras y números (“usando el numeral”) que luego se pueden leer a través de la sensibilidad de los dedos que sólo ellas pueden percibir, porque para nosotros no son más que puntos en relieve en una hoja especial.

  • Cómo te llamás?, nos pregunta y se sorprende cuando le respondemos
  • Arroz

Otros nenes lo primero que hacen ante esa respuesta es reírse, ella lo asume como si fuese Juan o Roberto y pone sus manos sobre el teclado de la máquina para ir deletreando el nombre. Primero la mayúscula y después cada una de las letras A-R-R-O identificada con su correspondiente combinación de teclas.

“Y la última, es la que te gusta a vos”, le dice Camila y ella son ríe y, eufórica dice: “la Zeta” e inmediatamente nos pide que pasemos nuestros dedos por el papel para que comprobemos que lo hizo bien.

Más allá que no podríamos diferenciar ni una sola de las letras, sabemos que lo ha hecho bien porque muestra una total seguridad, la misma que luce cuando va a la Escuela Nº 11 donde cursa el segundo grado (“ya pasé a tercero”) o las tres veces por semana cuando la combi la lleva hasta el EEE Nº 501, donde la recibe Camila que se sorprende cada día no sólo con la capacidad que tiene para aprender, sino especialmente con la necesidad de saber y conocer cosas nuevas. “Hay veces que se me queda mirando y me dice: “nada más vamos a aprender?”, nos cuenta la docente.

Hoy por hoy el trabajo de Camila y de todo el grupo de trabajo de la escuela es lograr que Luisana se adapte a nuevos ambientes, que sepa utilizar su bastón y posicionarse en cada espacio en el que se encuentra sabiendo dónde está cada cosa, cada mueble, las herramientas que necesita para desenvolverse y cómo debe desplazarse hacia el lugar al que quiere ir.

Nos imaginamos que en su cerebro se hace una especie mapa mental que Camila define con su nombre específico, aunque reconoce que es, básicamente, eso.

Lógicamente que esos logros también requieren del trabajo de la familia, de sus hermanas Erica y Celeste y de sus compañeros de escuela que, al principio, la observaban como alguien diferente, pero muy rápido y merced al gran trabajo realizado por los cuerpos docentes de ambas instituciones, han logrado que no sólo la incluyan y la cuiden como si fuese alguien frágil que necesita protección.

Claro está que ella, inmediatamente, les dirá que no es una nena, que ya es grande y que ya tiene 8 años.

Camila sonríe y nos cuenta del trabajo que hace la docente de apoyo a la inclusión (DAI) que ella realiza con otros dos nenes más, otro en la Escuela Nº 11 y uno en la 1, aunque ambos tienen disminución visual, pero no es completa.

L.V.: Sabés que tu Seño sacó muchas medallas en los Torneos Bonaerenses?

L.C.: “No!!!. En serio?. Que bueno!!!. A mi me gusta jugar al fútbol. Soy hincha de Boca, como mi papá y mis hermanas. Mi mamá es de River”, nos dice con entusiasmo.

Hace algún tiempo Diego Cerega fue a darles una charla y Luisana tuvo la oportunidad de jugar con una pelota sonora. “Estuvo re bueno”, asegura y Camila lamenta que no se haya podido concretar todavía el proyecto de tener un taller de fútbol sala para no videntes del que se habló en su momento.

“Nosotros miramos todos los partidos de la selección”, nos asegura Luli y nos pide permiso para mostrarnos todas las hojas que ya escribió en braile.

  • “Alcanzame el block”, le dice la maestra.
  • “No es un block, es un paquete”, corrige ella y comienza a sacar las hojas que lee un poco porque ya se está animando a hacerlo y otro poco porque las ha revisado tantas veces que ya sabe lo que dice cada una de ellas.

Una vez Diego, un chico al que le hacíamos láminas con letras enormes para que pudiese leer y que después, cuando perdió la vista totalmente, se transformó en un jugador de fútbol de la selección nacional. Angelito se recibió de abogado y Camila es docente y se desenvuelve con gran soltura y pasión por lo que hace.

Luisana no tiene techo y seguramente llegará hasta dónde se lo proponga.

Su avidez por aprender y su entusiasmo se lo permitirán, pero también su desenfado y picardía.

Esa que terminó sorprendiéndonos, aun cuando íbamos preparados para ello.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here