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EL EQUIPO QUE GANÓ MÁS QUE UN MUNDIAL

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Desde Qatar, por Gustavo Roberti

 

Final. Terminó. Tuvo razón Hervé Renard (DT de Arabia Saudí) que, después de ganarle a Argentina en el primer partido entre ambos, dijo que le había ganado al que sería el campeón; y acertó.

Pero el acierto más grande fue el de la justicia. El fútbol muy cada tanto, es justo. Pero cuando lo es, es determinantemente justo.

Fue justo con Argentina pueblo, con una sociedad que claramente necesitaba una excusa para sentirse orgulloso por algo. Cesar Luis Menotti una vez me dijo que el fútbol es un hecho cultural, y una maravillosa excusa para ser feliz… Y cuánta razón tiene… El deporte más popular del mundo logra cosas increíbles; como ésta locura que se vio (coincidimos que como nunca antes habíamos visto) con la gente volcada a la calle; en un acto de amor eterno declarado a quienes hicieron posible que puedan permitirles soltar tanta carga que hay adentro.

También fue justo con un tal Leo Messi que, habiendo vivido desde muy chico en España, aun le quedan como mínimo dos cosas de argentino: hablar como si nunca hubiese salido de Rosario; y seguir intentando ir al frente, aunque las cosas no estén bien, o no sean como uno las espera. Perdió mil veces, como todos. No hay ningún deportista o equipo que gane más de lo que pierde; no existe. Pero él, que ya ganó todo, le faltaba nada menos que esto, y nunca se bajó de esa pelea; aun siendo criticado y burlado durante años por los mismos argentinos. Fue siempre más reconocido afuera que adentro del país… Pero siguió. Intentó irse. No pudo. Volvió, y tuvo premio.

También el fútbol hizo justicia con un grupo de futbolistas que acompañó a su líder desde el lugar que les tocó. Nadie hizo más de lo que tenía que hacer, y nadie hizo menos de lo que debía hacer. Cada uno en su rol. Un grupo fantástico. Ningún líder negativo, ¡ninguno!

Pero principalmente, el fútbol fue justo con Scaloni… Fue colaborador del staff de Sampaoli, pero impuesto por AFA. Luego de Rusia 2018, fueron renunciando todos; Sampaoli, Nicolás Diez, Beccacece, todos… Pero él, al ser empleado de AFA, asumió un interinato hasta encontrar a  “la persona indicada”. De todos los que se candidateaban (que eran muchos); sólo fueron a buscar a unos pocos, pero dijeron que no. Rápidamente había que jugar el torneo de la Alcudia, tuvo que ir Scaloni, pero lo ninguneaban tanto, que los mismos clubes argentinos le negaban los jugadores. Fue con lo que tuvo… y ganó.

Pero nadie le dio importancia; había mil motivos por los que supuestamente Argentina había salido campeón de ese torneo, pero ningún mérito era de Scaloni; entonces todos seguían buscando un técnico de supuesta jerarquía para la selección.

La historia es conocida… Se aguantó todo lo que le tiraron. Que fue todo; de todos lados.

Mientras tanto jugaba eliminatorias y seguía trabajando, intentaba no ver, no escuchar… Lo bancó Menotti (Director de selecciones nacionales) y a Tapia le empezaba a cerrar cada vez más. Lo veían desde adentro. Fue inteligente; armó una columna vertebral desde el grupo humano (además del deportivo). Se puso de acuerdo con Messi, lo entendió. Al 10 le convenció la idea, quizás por imaginar que esa idea sería la última gran oportunidad de su vida para lograr lo que tanto quería y le llegaba en un momento ideal de su vida y de su carrera…

Sea por lo que sea, lo entendió. Se encolumnaron, fueron a convencer al resto, y todos entendieron que era la condición para estar. Le agregaron una idea deportiva. Rodearon al mejor con lo mejor. El cuerpo técnico se formó con personas confiables, que también entendieron cuáles eran sus lugares… Y todo empezó a fluir…

Seguía el invicto, se venía la Copa América y aumentaban las presiones, seguían pidiendo a otros entrenadores en el cargo; pero ya estaba complicado, el entrenador tenía el OK del 10 y, atrás de eso, de todo el grupo.

Ganó la Copa América; pero el cuento era que no había jugado con equipos europeos… entonces ganó también la Finalísima con Italia en Londres (en Wembley, nada menos).

El resto es historia reciente. Hermosa historia reciente…

Yo, aprovechando que estaba atrás del banco de suplentes, durante el partido intenté seguir atentamente los movimientos de Scaloni, y el lenguaje corporal de Messi. El 10 daba la sensación todo el tiempo que sabía cuál era el final, SU final. Y el técnico parecía que tenía cuatro mundiales dirigidos. La procesión iba por dentro… Tanto sacrificio, tanto sufrimiento, tanto camino recorrido juntos… Uno se jugaba que lo juzguen de fracasado por el resto de su vida, ya que no hubiese sido lo suficientemente exitoso (incluso siendo el mejor jugador de fútbol del mundo) como para ganar un Mundial (¿?), y el otro que todos los que hablaron antes (aun siendo campeón de América) tengan razón habiendo dicho que era algo que “tarde o temprano, se veía venir”. Era el fin de la supuesta mini carrera de Scaloni como DT, claro está.

El partido fue la mejor final en la historia de los mundiales. Con errores graves de las dos defensas y que permitieron que el partido sea abierto, con goles. Emocionante; aun con momentos en los que aparecía el fantasma de alguna otra final perdida… Ellos, todos; también convivían con esas sensaciones, son humanos, lo saben, lo huelen; también gana el que maneja mejor ese tipo de temores o presiones. Pasan miles de cosas por la cabeza de ellos, que tienen que bloquearlas para seguir tomando decisiones en el juego… Pero pasan. Les pasa. Es inevitable que eso suceda.

Los penales. Dibu Martinez y su “confianza”, los ejecutores y su jerarquía para hacer de cuenta que patear un penal en una final de la Copa del Mundo es común, normal, de todos los días…

Se ganó. Ultima estación y destino final. Objetivo cumplido.

El estadio es llanto, emoción, alegría, desahogo, abrazos, gritos, agradecimientos a quien sea que haya sido el destinatario de cada pedido de un ratito de felicidad, aunque sea otorgado por el fútbol.

Los argentinos tenemos esa mala suerte, no? Cuando queremos que algo termine rápido, parece no terminar nunca; y cuando es al revés se esfuma en tiempo récord… Estaban para jugar un torneo de un año así. Era para disfrutar. Pero está bien; tenía que terminar, y de ésta manera.

La imagen de Scaloni, intentando hacerse el serio, tratando de contener todas las emociones mientras el resto festejaba dentro de la cancha lo decía todo. Él era la persona fuerte. Pero inevitablemente, tocó el césped con sus manos, se persignó, agradeció a su Dios mirando hacia el cielo, y se dio cuenta que no iba a poder sostener ese personaje… Entonces tomó la excelente decisión de dejarse llevar. Empezó a temblar mientras soltó el llanto contenido de una forma brutal. Listo. Ahí sí terminó su partido… Se bancó todo, sabiendo cuáles eran las reglas y las aceptó siempre. Incluso con respeto ante lo irrespetuoso. Sabiendo que no tenía nada para perder y todo para ganar; cosa que además hizo. Ganó todo.

En Argentina estamos acostumbrados a la falta de recursos y, por eso, siempre atamos todo con alambre; incluso nos sirve que sea así para después justificarnos ante algún fracaso; pero Scaloni debe haber escuchado y guardado la frase de Julio Velasco cuando dijo; “ya sabemos que en Argentina hay que atar con alambre todo, pero por qué no intentamos atarlo bien?”

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