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La misma foto, cincuenta años después

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El encuentro se iba a concretar cuando Patricio y su familia pasasen por Villa María, camino a Carlos Paz, donde pasarían sus vacaciones. Una desgracia familiar de Roberto impidió el encuentro que se daría una semana después, cuando la familia herense estuviese regresando.

En realidad, el contacto entre Patricio Langan, comerciante local, concejal y presidente de nuestros bomberos voluntarios y Roberto Alassia, periodista deportivo, especializado en automovilismo y, en particular, en todo lo que tenga que ver con rally había comenzado a gestarse casi dos años atrás, en plena pandemia.

El 1° de septiembre del 20 publiqué en Facebook una foto de mi viejo que ese día estaría cumpliendo años. Entre los comentarios que hicieron familiares y amigos hubo uno que me llamó la atención, ya que Roberto, a quien tenía como amigo, pero sólo porque a ambos nos unía la pasión por los fierros y el rally, me preguntó si mi viejo había hecho la colimba en el Regimiento de Infantería Mecanizada N° 16 de Uspallata, en Mendoza. Le contesté que sí y al rato me mandó la foto de una agenda en la que tenía anotada la dirección de mi viejo en el campo de la Ruta 200, donde ellos se habían criado”, nos cuenta Patricio, pero las coincidencias no terminarían allí.

Unos días más tarde, Roberto les envió a los Langan, una foto en la que estaba él y. La imagen, amarillenta ya, había sido tomada en el RIM N° 16 y en las puertas del casino de oficiales.

El “Flaco” Langan y Roberto Alassia en el RIM N° 16 de Uspallata, Mendoza.

Cuando murió papá, Sony (su madre) nos dio a cada uno de los hermanos varias fotos de Bernardo y entre ellas había algunas del servicio militar. Cuando Roberto me mandó esa imagen, se la mostré a mami y ella se acordó que había visto alguna parecida. La buscó y la encontró. Era la única que le había quedado de esa época y era la misma foto que tenía Roberto”, nos cuenta Patricio que, desde allí, continuó en contacto con el cordobés que además de hacer radio, es escritor y en uno de sus libros, le dedicó un capítulo al compañero de la colimba y a su familia.

De aquellos tres conscriptos que compartían las cuchetas en Uspallata, Roberto había mantenido contacto con el villeguense que falleció hace algunos años, pero le había perdido el rastro a Bernardo que era el que les llevaba los “sánguches” de mortadela para gambetear el hambre de la modesta cocina del regimiento.

Parece que mi viejo estaba en el casino de oficiales y de allí sacaba los sandwiches para sus compañeros de cucheta, que eran Mario Viqueira, de Gral. Villegas y Roberto, quien les conseguía medicinas porque estaba en la farmacia del cuartel. Dicen que las condiciones en la montaña eran extremas y las gripes y resfriados estaban a la orden del día”, explica Patricio que dice que Roberto le contó que en una oportunidad estuvieron cinco días sin bañarse, ni cambiarse la ropa. Cuando les dieron un día libre se fueron al río a bañarse y a lavar la única muda con la que contaban. Lo cierto es que “el vestuario” estaba secándose al sol, cuando a puro silbatazo los convocaron al cuartel y tuvieron que correr con la ropa mojada, en una condición tan extrema que uno de los compañeros se pescó una neumonía y terminó falleciendo.

Lo cierto es que, regresando de Villa Carlos Paz, los Langan fueron recibidos por los Alassia en esa magnífica ciudad del sur cordobés y con lágrimas de uno y otro lado repasaron las muchas coincidencias de las familias de ambos que recién conocieron gracias a aquel posteo para el cumpleaños 75 de Bernardo.

Entre ellas, hubo una que no tuvieron en cuenta, ya que los tres conscriptos se conocieron Río Cuarto (Cba) dónde los concentraron antes de partir hacia Mendoza, pero el servicio militar fue en Uspallata, donde el herense era casi local, porque esa localidad pertenece al departamento de Las Heras y por allí también pasa la ruta 40, cuyo nombre es el actual de aquella N° 200 que figuraba en la vieja agenda de Roberto.

Estuvimos tres o cuatro horas, antes de seguir viaje, pero nos prometieron que vendrían a visitarnos y continuaríamos aquí recordando aquellos años y las anécdotas del viejo, pero también aspectos del automovilismo, la pasión que nos une desde toda la vida, porque a las primeras carreras que fui fue a las de Turismo Carretera, a las que iba con mi viejo”, asegura Patricio quien, como Roberto, le agradece a la tecnología haber conocido algo más de su padre, fallecido ya hace algo más de un cuarto de siglo cuando apenas tenía 52 años.

Esa foto y aquel posteo sirvió para continuar una historia que había comenzado hace 56 años en plena Cordillera de Los Andes.

Juan, Patricio, Santi y Pancha en uno de los capítulos del último libro de Roberto Alassia

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