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De Ushuaia a Concordia, pero con raíces locales

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Patricia, su compañera entrerriana y las playas del Río Uruguay

Desde antes de la pandemia que no voy a Las Heras, pero estoy al tanto de todo lo que pasa allá a través de las redes sociales, hablo casi todos los días con la vieja y estoy en contacto con los chicos. El pueblo es mi lugar en el mundo”, nos dice Daniel Capra del otro lado de la línea telefónica.

Si bien el nombre coincide con el del reconocido médico de nuestra comunidad, este Daniel es para quienes compartimos con él largos años de la infancia y la juventud, simplemente “El Enano Capra”.

Ex alumno y egresado de la Escuela Técnica, eximio futbolista vistiendo las casacas de San Miguel, el Sportsmen y el San Martín en la liga local, Daniel se fue a Ushuaia afines de los 90. Allí trabajó en el Aeropuerto más austral del mundo y disfrutó viendo crecer a Franco, su hijo mayor, el que estuvo en nuestra ciudad hasta fines del 2019, mientras estudiaba Educación Física.

En el 2007, me volví a Buenos Aires y estuve trabajando un tiempo en el Municipio de Malvinas Argentinas hasta que nos vinimos a vivir a Concordia con la mamá de Mateo, el más chico, y entré a trabajar en la citrícola Ayuí, una empresa gigantesca que se dedicaba a la producción y exportación de cítricos, pero que, lamentablemente, desapareció”, nos dice y comienza a hablarnos de la ciudad que lo recibió hace 8 años y en la que aún vive.

Concordia es la segunda ciudad (en población) de Entre Ríos, ubicada a algo más de 400 kilómetros de Buenos Aires, se halla sobre los márgenes del Río Uruguay y está sobre la Ruta 14, casi al norte de la provincia, entre Colón y Federación. “Es una ciudad de contrastes. Hay gente que vive muy bien, pero muchos son realmente pobres. No hay mucho trabajo porque antes estaba Ayuí y otras empresas que ocupaban mucha mano de obra, además el turismo está muy deteriorado ya que el fuerte de Entre Ríos eran las aguas termales, porque estamos sobre el acuífero guaraní, pero ya todas las ciudades están haciendo complejos de este tipo y la mayor cantidad de turistas se queda en Colón o en Gualeguaychú”, nos cuenta.

L.V.: Y de qué vive la gente?

D.C.: Muchos se dedican a la zafra, la cosecha de cítricos o de arándanos, que también ha crecido mucho. Algunos se van a Río Negro a cosechar manzana o a Mendoza con la uva para completar la temporada y otros hacen lo que pueden, viven changueando.

Actualmente, y aprovechando los conocimientos de electricidad que le ofreció su querida escuela técnica, Daniel se desempeña en el área de mantenimiento de la municipalidad de Concordia. “Es un trabajo que me permite tener una cierta estabilidad económica y me deja la tarde libre para hacer los trabajos que venía haciendo antes de instalaciones y arreglo de electrodomésticos. Tenemos nuestra casa y estamos bien, pese a las restricciones de la pandemia”, cuenta y nos habla de las bellezas que tiene esa zona del litoral argentino, y no sólo por el majestuoso Río Uruguay y la represa de Salto Grande que se ubica entre Concordia y el Salto uruguayo o los carnavales que son todo una tradición y que, si bien no son como los multitudinarios de Gualeguaychú, convocan a mucha gente de buena parte del país.

L.V.: Con quién vivís, Dany?

D.C.: Vivo con Patricia, mi compañera desde hace años. La conocí cuando trabajaba en Ayui. Franco, mi hijo mayor está en Ushuaia y trabaja en el área de deportes de la gobernación. Jugaba al rugby en Las Heras y hoy se dedica a hacer deportes de aventura en la montaña y el bosque fueguino y Mateo vive con la mamá en Villa Elisa, de donde es ella.

Aquellos amigos de la secundaria

L.V.: Y Las Heras?

D.C.: Estoy al tanto de todo lo que pasa en Las Heras a través de las redes sociales y cuando voy me paso todo el día visitando amigos y a las mamás de mis amigos, como Titi Gally o Nelly Villagra, la mamá de Marcelo Rubio con quien nos criamos juntos en el barrio y en la vieja canchita de Interact. Ella fue como mi segunda mamá. Regreso cada vez que puedo, pero ahora, por la pandemia, prefiero evitar de ir porque tengo miedo de contagiar a mi mamá, ya que aquí está muy complicado con la cantidad de casos, aunque no son tantos los fallecimientos.

Arreglando la instalación eléctrica en una oficina municipal, reparando el alumbrado público o preparando todo para que brille el corsódromo Atanasio Bonfiglio en el que se vive, según los concordienses, el carnaval más pasional del país”, Daniel o “el Enano” está instalado en la bellísima provincia de las cuchillas y los dorados donde suele recibir amigos que pasan por allá. “Siempre viene alguno de los muchachos y nos instalamos en casa a recordar viejos tiempos. La parrilla siempre está atenta para recibirlos. Ojalá pronto pueda ir a Las Heras porque allá quedaron mis mejores años, los de la niñez y la juventud”, termina diciéndonos quien fuera un eximio futbolista aquí y en Ushuaia y que ahora está empecinado en empezar a practicar el skate surf una disciplina incipiente y que cada día gana nuevos adeptos entre los “jóvenes inquietos y arriesgados”.

Como él.


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